SIMPLIFICAR EL APRENDIZAJE HERBOLARIO


Sé que a veces la sobre-información enloquece, de repente descubrimos que todas las plantas tienen algún tipo de uso, se comen, se beben o pueden sanarte.
Este momento es un click espectacular: caminamos por la calle mirando los árboles, programamos senderos para ir agachados chusmeando yuyos, frotamos hojas aleatorias para ver si desprenden algún aroma interesante.
Es glorioso poder disfrutar de esta curiosidad que quizás permaneció dormida durante tanto tiempo y hoy despertó.
Pero también tiene un revés del que pocas veces hablo, ¿en qué punto tenés que cortar el chorro y decir basta? Me explico mejor: jamás hay que abandonar la curiosidad y el aprendizaje, pero hay momentos donde debemos frenar y mirar nuestras manos, obsevar cuánto hemos abarcado y sostenido correctamente, sin que se nos escape entre los dedos.
El hecho de “saber de plantas” no implica que tengas en mente una lista interminable de cientos de plantas con sus usos. TODO LO CONTRARIO, mi recomendación es que hagas hincapié primeramente en unas 15 plantas:tienen que ser conocidas, de tu zona, de fácil acceso. Asegurate de poder reconocerlas desde varias aristas, cuando son jóvenes y cuando ya fructificaron; en lo posible de aprenderte la nomenclatura oficial y recordar algunos usos importantes para tu vida cotidiana.
Quizás cuando te afiances en esas 15 plantas podés avanzar con otra decena más. Mezclar varias categorías es buena idea para diversificar: algunas que se consigan en viveros (como las artemisas), otras aromáticas comunes (como el romero, la menta), y por supuesto las plantas nativas o endémicas de la región donde vivís, como los yuyitos cosmopolitas que hallás en cualquier parte del globo.
Te daré un ejemplo, yo vivo en el Litoral, aquí con un puñado de yuyos que hay en la misma cuadra te curamos de-todo: Yerba lucera, Marcelita, Mariposera, Palo amarillo, Carqueja.
Esas plantas pueden variar enormemente en Córdoba y ni te digo en Tierra del Fuego. Pero quizás en todo el mundo tengamos un Llantén y un Diente de León para recolectar y preparar una infusión. Entonces, tu “Lista de imprescindibles” se va agrandando paso a paso, asegurándote de que el conocimiento quede bien prendido en tu cabeza, como una garrapata en la oreja de un perro.
El afán de simplificar y des-complejizar las tareas NUNCA es en vano. En este caso, apostemos a conocer un abanico
de plantas cercanas, sencillas, útiles.
De este modo también nos será sencillo transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones o a otros interesados: éste puñado de especies, con éstas indicaciones y modos de uso, con éstos consejos para reconocerlas bien, sin miedo a equivocarnos. Menos es más, también en la herbolaria.

Artículo extraído del n° 1 de la revista de Camino Libre. Descárgala gratis en: https://caminolibre.org/producto/revista-n1-descarga-gratuita/

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